noviembre 13, 2019

“De botella de plástico a chaleco reflectante: la ruta de un residuo”

Una vez recolectados, pocos saben dónde van a parar los envases PET. ¿Cómo es el trabajo que permite darles una nueva vida? ¿En qué se convierten? A continuación, te explicamos el camino que sigue un residuo para ser recuperado

Una botella de Coca-Cola puede convertirse en un chaleco reflectante o en un polar. Pero no es por arte de magia que un residuo como un envase PET es reciclado y reutilizado. Hay una larga cadena logística que permite procesar el material y convertirlo en una nueva materia prima. “En tomarnos una bebida tardamos 30 minutos, que su botella se degrade puede tardar 100 a 1000 años. Lo ideal es que se disminuya la producción y el uso de plástico, pero la realidad es que aún está circulando en muchas formas y necesitamos darle una nueva vida”, explicó Juan Pablo Marín, cofundador de EcoLógica, empresa especialista en la recuperación de residuos.

El primer paso y más importante es depositar la botella en su respectivo punto limpio, pero debe estar libre de cualquier residuo. “Si llevamos este envase sucio y se mezcla con los otros, se contamina todo y pierde la posibilidad de ser reciclado. En ese caso, es mejor botarlo a la basura y no contaminar a los demás plásticos”, afirma Juan Pablo Marín.

¿Qué viene después? “La botella PET es trasladada a una planta de procesamiento de EcoLógica en donde es revisada y clasificada junto a las de su mismo tipo. Luego, pasa a ser compactada, triturada o picada, convirtiéndose así en materia prima. Posteriormente, se distribuye a las distintas empresas que la procesan para convertirla en material para producir un nuevo producto con valor”, relató Marín.

Son ésas las empresas que procesan nuevamente la materia prima para obtener fibras hiladas de poliéster y, con ellas, tejer prendas de vestir, como un polar o un chaleco reflectante. La ruta del plástico también incluye otros mecanismos de trabajo, como la “inyección”, donde se funde y materializa en un molde; o la de “soplado”, en la que -como su nombre lo indica- el fundido es soplado para expandir el material y que tome forma. Tras estos procesos nace una nueva botella de jugo o bebida, un envoltorio para comida, aceite o incluso detergente.

De botella de plástico a chaleco reflectante: la ruta de un residuo